Habilidades sociales

Las habilidades sociales

Las habilidades sociales son un conjunto de hábitos (a nivel de conductas, pero también de pensamientos y emociones), que nos permiten mejorar nuestras relaciones interpersonales, sentirnos bien, obtener lo que queremos, y conseguir que los demás no nos impidan lograr nuestros objetivos.

También podemos definirlas como la capacidad de relacionarnos con los demás en forma tal que consigamos un máximo de beneficios y un mínimo de consecuencias negativas; tanto a corto como a largo plazo.

Nuestro concepto de habilidades sociales incluye temas afines como el asertividad, la autoestima y la inteligencia emocional. También destaca la importancia de los factores cognitivos (creencias, valores, formas de percibir y evaluar la realidad) y su importante influencia en la comunicación y las relaciones interpersonales.

Las habilidades sociales son primordiales ya que:

  • La relación con otras personas es nuestra principal fuente de bienestar; pero también puede convertirse en la mayor causa de estrés y malestar, sobre todo, cuando carecemos de habilidades sociales.
  • Los déficits en habilidades sociales nos llevan a sentir con frecuencia emociones negativas como la frustración o la ira, y a sentimos rechazados, infravalorados o desatendidos por los demás.
  • Los problemas interpersonales pueden predisponemos a padecer ansiedad, depresión, o enfermedades psicosomáticas.
  • Mantener unas relaciones interpersonales satisfactorias facilita la autoestima.

Habilidades sociales

Entrenamiento en habilidades sociales

Partiendo de los conceptos de hábitos y habilidades sociales, el aprendizaje ejemplar o por imitación es muy importante. Por ejemplo, no basta con pedir que no se hable con el tono elevado, es preciso no dar voces. Debemos cambiar nuestros hábitos de conducta y de manera habitual y no de forma puntual actuar conforme a las normas que pedimos a los niños. Este cambio en las actitudes nos permitirán caminar hacia un mundo más humano, y con mayor respeto tanto hacia uno mismo, los otros como el mundo en el que vivimos.

Estos hábitos y habilidades sociales se aprenden, por ello escuela y familia deben colaborar para que exista coherencia en la intervención a través de los programas y su seguimiento. También reconocer que cuando existe una conducta disruptiva es preciso establecer un programa de modificación cognitivo conductual. La preocupación por comprender cómo se adquiere y se desarrolla la conducta social afecta a multitud de profesionales -y muy especialmente a los del área educativa- y es objeto de estudio por parte de muy diversas disciplinas, como la psicología, la etología, la sociobiología, la sociología, la antropología o la pedagogía.

El aprendizaje de esta amplia gama de comportamientos se ve afectado por distintos agentes externos e internos al individuo y, obviamente, no se produce de una forma súbita y repentina, por lo que debemos considerarlo, más bien, como un proceso, al que se coincide en denominar “socialización”.

Habilidades personales y sociales

En general, la socialización hace referencia al proceso por el que se adquiere el comportamiento social y por el que el individuo se transforma en un ser social, esto es, en alguien capaz de interactuar con otros.

Esto supone la adquisición e internalización de todas las pautas, creencias y normas del grupo social al que el individuo pertenece, e implica una gran diversidad de conductas y actividades, siendo un proceso que evoluciona conjuntamente con el desarrollo cognitivo del sujeto (Justicia, 1986).

En efecto, ser capaz de relacionarse eficazmente con otros individuos implica, por ejemplo, poder comunicarse con ellos, formar lazos afectivos estables, o participar como un miembro activo en muy diversas comunidades compartiendo sus reglas de actuación. No obstante, dependiendo de la perspectiva que se adopte, el proceso de socialización sufre algunos matices de conceptualización.

Por ejemplo, para los psicólogos, el concepto de socialización se refiere, frecuentemente, a la adquisición de rasgos sociales básicos; para los antropólogos suele implicar la incorporación de la cultura y para los sociólogos alude, más bien, al entrenamiento de los niños para el desempeño de sus futuras funciones sociales. En realidad, como ya indicaba M. Mead (1963) el fenómeno de socialización implica muy distintos niveles de respuesta organísmica.

Habilidades sociales básicas

Por ello, podría distinguirse entre:

  • Socialización, como el desarrollo de las formas de conducta social básicas para cada individuo.
  • Y Culturización, como el proceso de aprender una cultura en todas sus particularidades.

Wilson (1975,) define la socialización como el total de experiencias sociales que alteran el desarrollo del individuo y, a su vez, entiende que dicho proceso abarca tres niveles diferentes:

  • La Socialización Morfogenética (por ejemplo, la determinación de la casta).
  • El Aprendizaje de comportamientos propios de la especie.
  • Y la Culturización.

Por su parte, Handel (1988a) argumenta que la compleja transformación del niño en una persona adulta capaz de funcionar en sociedad se logra a través de muy diversos procesos. Además de la Socialización y de la Culturización intervienen otros tres:

  • La Maduración o desarrollo físico (incluyendo la madurez sexual).
  • La Individuación, es decir, el proceso por el que un niño se convierte en un individuo particular con características propias y peculiares.
  • Y el Desarrollo Cognitivo, o proceso por el que el niño se hace progresivamente más capaz de tratar y procesar informaciones complejas, conceptos y relaciones intelectuales.

Socialización

En cualquier caso, podríamos concluir que la socialización es un complejo proceso de aprendizaje y desarrollo de rasgos, habilidades, comportamientos y normas sociales que capacitan al individuo para su vida en sociedad.

En este sentido, ninguna de las categorías o niveles establecidos por los distintos autores son, en realidad, independientes unos de otros; por el contrario, cada uno de ellos afecta y se ve afectado en algún modo por todos los demás.

De las cinco categorías consideradas por Handel, las relaciones del proceso de socialización con el desarrollo cognitivo y la culturización son bastantes evidentes y obvias: La socialización y la culturización se configuran como circuitos retroalimentarios entre sí que actuarán de forma paralela y conjunta, lo que nos lleva incluso a considerar que la culturización pueda ser, en realidad, un aspecto intrínseco a la propia socialización.

Por su parte, la experiencia social va a enriquecer y favorecer el desarrollo intelectual y, en contrapartida, éste favorecerá también las posibilidades interactivas y una conducta social más compleja.


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